¿Argentina de vuelta y nosotros?

Argentina nos lleva unos años de anticipación con las «reformas» macroeconómicas. Puede servir a Costa Rica como una suerte de espejo con perspectiva futura. Pero, si hace años está en crisis económica, hoy el gobierno de Macri está en crisis política total, sin credibilidad y al parecer sin posibilidades de maniobra suficientes para mejorar las deterioradas condiciones existenciales y humanas de la ciudadanía mayoritaria.  Lamentablemente, esto ha sucedido en los otros países, con cultura fiscal analogable a la nuestra, donde se aplicaron las mismas ?reformas» en forma acrítica, dogmática y exógena. Las recetas allá no funcionaron según lo esperado y prometido: ni el IVA, ni gravar la canasta básica, ni disminuir la pensiones y los salarios, ni desfinanciar o vender las instituciones del estado, etc;  todo  según recomendaciones de organismos financieros internacionales,  que hoy también recomiendan a nuestros obedientes gobernantes y, como en aquel país, organismos que entran en complicidad con nuestras élites políticas y económicas. Las dos últimas décadas de Costa Rica funcionan como ejemplo perfecto de que esta ruta es equivocada; no necesitamos ejemplos venidos del sur ni de otros contexto, nosotros mismos somos nuestro mejor ejemplo y, para sostener esto, basten dos dos datos aportados también organismos internacionales, extrañamente para decirnos que sigamos por la misma ruta, para lo que recurren a la trillada ?doctrina del shock? que también se reproduce dentro de nuestras fronteras excelsamente: a) de ser uno de los países con mejor distribución de riqueza, hoy ocupamos un puesto de privilegio en el top-10 de los países con mayor desigualdad en la distribución de ella; también, b) hoy ocupamos otro puesto de privilegio dentro de los 50 países más ricos del mundo, ello gracias al dato duro aportado por el ingreso per cápita. Entonces: combinados a) y b) tenemos que cada vez en Costa Rica hay más dinero pero en menos manos, por eso, el problema es fiscal y no financiero.  Acá el fracaso de cualquier economía, porque el éxito radica en la acertada distribución de los recursos producidos o ingresados en el nivel nacional, no en mediciones de unos índices insuficientes, por abstraídos, como: ?PIB? o ?ingreso per cápita?; que no dicen nada de lo que efectivamente sucede en la intimidad de los hogares y en las vivencias familiares ni personales. ¿Fiscal por qué?  La respuesta es clara, sin nos basamos en datos y en porcentajes que radiografían nuestros índices macroeconómicos actuales. Fiscal, ante todo, no prioritariamente por lo que sale en pagos y transferencias como falsamente se dice, sino, principalmente por lo que no entra al fisco y debió entrar (ejemplo: evasión, elusión, amnistías y privilegios fiscales, entre otros); no hay proporcionalidad entre lo que sale y lo que debió entrar, menos cuando lo que sale beneficia directa o indirectamente a todos y al sistema en general, y lo que no entra se lo dejan muy pocos para sí.  Ciertamente, se engaña al pueblo y, también ciertamente, el pueblo no siempre dispone ni de la voluntad ni de la información para saber que está siendo engañado.  La solución debe ser integral (es decir, también incluyendo lo que sale) pero proporcionalmente y con claros, previos y consensuados principios de justicia y equidad distributivas. Macri, por urgencia electoral y sabiendo lo equivocado de las «reformas», hoy ofrece aumentos de salarios, bajar el IVA, desgravar la canasta básica, no afectar tanto a las instituciones estatales, apoyar a la clase media, etc., de la noche a la mañana populismo descarado; pero es tarde pues Argentina requerirá años para volver a un estado de equilibrio social y financiero, y superar el empobrecimiento generalizado de su sociedad.  Son asombroso los datos publicados por El País, en el contexto de la renuncia del Ministro de Hacienda Argentino, señala el diario: ??la economía [de Argentina] lleva un año en recesión, la inflación apenas baja del 50% anual y se disparará de nuevo a causa de la devaluación del lunes [12 de agosto], la deuda pública roza el 100% del Producto Interior Bruto y un tercio de los argentinos vive en situación de pobreza?. No permitamos continuar nuestro camino en la misma dirección, debemos ensayar estrategias de innovación y, necesariamente, de ruptura o de antilógica financiera como suelo decir; de lo contrario, primero unos pero después todos, estaremos sufriendo las inhumanas consecuencias, en las fauces depredadoras e inescrupulosas de esos organismos financieros y bancarios, para quienes prácticamente su interés central y exclusivo radica en reproducir sus ganancias ociosamente a costa de los pueblos hipotecados. Acá nadie sobra, todos hacemos falta, y merecemos vivir con tranquilidad, seguridad, equidad y dignidad material y espiritual, por tanto, las líneas de desarrollo deben ser de contrasentido: lo humano, lo social y la naturaleza que ocupen la cúspide en la pirámide –al fin y al cabo somos lo real– desplazando a lo macroeconómico, a aquellos índices inventados y poco servibles, que en el fondo reproducen una ficción generada desde un poder y al servicio de muy pocos.  Aun tenemos tiempo. (*) Eval Antonio Araya Vega es Filósofo
Fuente: El Pais